La piratería siglos XVII-XVIII
Los piratas son probablemente el colectivo criminal histórico más importante en la cultura popular. En las últimas décadas hemos sido testigos de la aparición de numerosos libros, películas, series de televisión y videojuegos sobre las aventuras de estos enemigos de la ley. A pesar de que la piratería ha existido desde la Antigüedad hasta nuestros días, fue en los siglos XVII y XVIII, cuando la piratería alcanzó su máximo esplendor, causando importantes problemas a las potencias marítimas. Por este motivo, a este período se le denomina comúnmente la “Edad de Oro de la Piratería.
El período de los bucaneros (1620-1683)
La primera fase de la edad de oro de la piratería estuvo protagonizada por los bucaneros: hombres, en su mayoría de origen francés que se dedicaban a cazar animales introducidos por los españoles en La Española y a hacer contrabando con su carne. Estos bucaneros se habían asociado mediante la creación alrededor de 1620 de la “Cofradía de los Hermanos de la Costa”, de principios igualitarios entre sus miembros. Los españoles acabaron expulsando a los bucaneros de La Española, por lo que se asentaron en Tortuga. Además de cazar, también solían atacar las naves y fortificaciones españolas, por lo que recibieron el apoyo de ingleses y franceses.
Con el tiempo los bucaneros abandonaron Tortuga y se establecieron en Port Royal, Jamaica. Los ingleses finalmente se dieron cuenta de la amenaza que suponían los bucaneros no solo para los españoles, sino también para ellos mismos. En 1672, el nuevo gobernador de Jamaica inició una política de represión de la piratería, ofreciendo el perdón a aquellos bucaneros que dejasen el oficio voluntariamente. Esto produjo una profunda decadencia de la piratería en el Atlántico, que se acentuó con la publicación de las Actas de Jamaica en 1683, que prohibían el comercio con piratas.
Al complicarse las condiciones para los piratas en el Caribe, muchos de ellos decidieron buscar nuevas zonas para saquear. Los lugares elegidos fueron los océanos Índico y Pacífico, donde los europeos y otros poderes locales como el Imperio mogol no ejercían un control tan férreo sobre los mares. Estas nuevas rutas recibieron el nombre de “la Ronda del Pirata”.La expedición que inauguró esta ruta fue la dirigida por Bartholomew Sharp en 1680. En este período cobró importancia Madagascar, que se convirtió en el nuevo refugio seguro de más de mil piratas.
La mayoría de transeúntes de la Ronda del Pirata eran corsarios: personas que, si bien actuaban de un modo muy similar a los piratas, contaban con una autorización de la corona para atacar a piratas y a barcos de las potencias enemigas, incluidos los barcos musulmanes, que fueron las mayores víctimas de esta etapa. La Ronda del Pirata acabó declinando en los últimos años del siglo XVII por varios factores, como la oferta de perdón a todos los piratas que se arrepintieran, un mayor control de los mares por parte de las potencias europeas y el declive del comercio en el Índico y el Pacífico6.
El período comprendido entre 1715 y 1726 vivió un auténtico resurgir de la piratería, que alcanzó cotas aún más importantes que en los dos períodos anteriores. Esta fue la época en la que actuaron personajes como Barbanegra, Mary Read, Ann Bonny, Charles Vane, Sam Bellamy, o Bartholomew Roberts, entre muchos otros.
Durante la Guerra de Sucesión, el océano Atlántico se llenó de corsarios británicos, todos ellos al servicio de la Corona. Sin embargo, tras el final del conflicto estos ya no eran necesarios, por lo que muchos se quedaron sin trabajo. Durante la guerra la Armada Real dio empleo a unos 53 000 hombres, pero al finalizar esta despidió a unos 40 000. La única salida legal que tenían todos estos marineros era la marina mercante, pero el salario era mísero y las condiciones de trabajo horribles, por no mencionar los abusos a los que se veía expuesta la tripulación por parte de los capitanes, que durante mucho tiempo actuaron con casi total impunidad.
Estos factores hicieron de la marina mercante una opción nada deseable, y la única alternativa para muchos era la piratería. En un solo asalto, cada miembro de una tripulación pirata podía llegar a ganar más de lo que ganaría un trabajador de la marina mercante en muchos años, por no hablar de la libertad de la que gozaban los piratas en comparación a los súbditos de la Corona. A pesar de la constante amenaza de la horca, muchos marineros prefirieron tener una vida corta y buena que una larga viviendo en la miseria. Se estima que entre 1716 y 1726 más de 4 000 piratas surcaron los mares, siendo la gran mayoría de ellos de origen británico.
Por otra parte, en 1715 once barcos españoles cargados con mercancías salieron de América con destino a España. A finales de julio, se vieron sorprendidos por un huracán que provocó que tres de los barcos se hundieran y los otros ocho naufragaran en la costa de Florida. Esto provocó que el lugar se llenase rápidamente de saqueadores españoles y británicos (autorizados por el gobierno inglés) que buscaban recuperar todo lo posible del naufragio.
Tortuga fue una de las principales bases piráticas durante la edad de oro de la piratería en el Caribe.
Muchos piratas, liderados por Benjamin Hornigold, se establecieron Nasáu, en la isla de Nueva Providencia, que se convirtió en una auténtica colonia pirata que llegó a albergar a 700 de ellos. Llegaron incluso a proclamar una “república” pirata. Aunque en principio la presencia de piratas incomodó a los colonos, no tardaron en apreciar las ventajas que suponía la actividad de estos para las colonias americanas. Los europeos habían restringido el comercio de las colonias de forma que solo podían comerciar legalmente con la metrópoli, que imponía precios abusivos. Sin embargo, los piratas en muchos casos se dedicaban a hacer contrabando con las mercancías que saqueaban a precios muy reducidos, por lo que frecuentemente recibieron el apoyo de la población local.
La “república” de Nasáu causó muchos problemas al comercio internacional y las potencias europeas exigieron a Gran Bretaña que se encargase del asunto. Woodes Rogers fue nombrado gobernador de las Bahamas y fue enviado a Nasáu con una flota para acabar con la colonia pirata, a la que llegó en julio de 1718. En enero había ofrecido el perdón a todos los piratas que se entregaran y jurasen lealtad a la Corona. Algunos, como Charles Vane, no aceptaron la oferta y se enfrentaron a Rogers. La mayoría aceptó el perdón, aunque muchos, como Thatch y Rackam, volvieron a las andadas poco después. Solo unos pocos, entre ellos Hornigold, dejaron definitivamente la piratería.
Tras la ocupación de Nasáu por Rogers, la piratería en el Atlántico inició una prolongada etapa de declive. Las potencias europeas ejercieron un control mayor control sobre los mares, se incrementó la persecución de la piratería y se prohibió el comercio con piratas bajo pena de muerte. Además, cada vez había menos botín que robar a los españoles. La piratería se fue convirtiendo en un modo de vida cada vez menos rentable y más peligroso. Sin un centro de operaciones seguro desde el que organizarse, los piratas se volvieron cada vez más violentos y menos cooperadores. La ejecución de Philip Lyne y William Fly en 1726 está considerada el final de la edad de oro de la piratería.
Por si no le apetece leer aquí tiene un audio con el relato
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